“Levanta la Mirada”

Trabajo ganador del concurso relato

Volcán Llaima

Por Yulianni Fuller
 
Siempre he sido una chica de pueblo, donde nací no habían edificios ni centros comerciales, por eso me acostumbré a la tranquilidad, con el paso del tiempo fui creciendo y conociendo nuevos lugares, tanto naturales como artificiales, pero descubrí que me gusta estar rodeada de la naturaleza, me siento atrapada entre el ruido y el concreto de las grandes ciudades. Por razones de la vida llegué a Temuco, sin saber siquiera en qué parte del mundo quedaba, a más de 4000 kilómetros de mi pueblo natal. Algo aquí me cautivó, tiene un toque natural muy raro de encontrar en la ciudad, su población bondadosa me ayudó a conocerla y quererla mas, así que hice lo necesario para quedarme, y con el tiempo logré adaptarme.
 
Pasaron días, luego meses y ya van casi 2 años, al principio me costó cambiar mis rutinas, arrendé una casita en las afueras, hacia los campos que tanto me agradan y me enfoqué en buscar trabajo para sustentarme. En mi busqueda afanosa, también conocí una ciudad maravillosa, con un clima tan variado que te sincroniza con el planeta, y los paisajes van cambiando, sorprendiendote cada día con algo nuevo. En un dia de lluvia invernal, disfrutas un ambiente romántico que inspira a escribir versos sin mucho esfuerzo, mientras bebes algo para calentar el cuerpo. Pero la lluvia no detiene la ciudad, aqui no aplica eso de esperar que pase la tormenta, mas bien debes preparar tu mejor traje para bailar bajo el agua.
 
Al salir el sol, nada mejor que pasearse por la Feria Pinto con sus colores vivos, llena de sabores típicos que me atreví a probar, para impregnarme de cultura y disfrutar esa frescura, mirar las personas y preguntarse cuantas historias esconden tras su mirada. subir al Cerro Ñielol, que nos arropa tiernamente llenando el paisaje de verdor. La vida nocturna sorprende aún mas, dicen que las ciudades nunca duermen, y al salir a conocer la Avenida Alemania no fué sorpresa encontrar tanto jubilo entre la oscuridad. Jovenes paseando entre bares y pubs, disfrutando despreocupadamente para despejar sus mentes del caos que transitan diariamente.
 
Vivir en la ciudad no es fácil, todos siempre van corriendo a todas partes, y después de tanto esfuerzo, igual a veces llegamos tarde. El tiempo se va entre papeleos y trámites, es tanto nuestro apuro que perdemos los modales, no saludamos al vecino, ni conversamos con amigos, olvidamos respirar y los paisajes no logramos admirar, además la tecnología nos controla, ciertamente facilita muchas tareas y puede ayudarnos cuando es bien utilizada, pero muchas veces nos aísla detras de una pantalla.
 
Hoy es un día diferente, algo me sorprende subiendo el ascensor de un edificio, logro ver el volcán Llaima y se pierde mi mirada, el cielo está despejado brindando un gran espectáculo a quien sea capaz de ver mas allá de su celular. Su forma peculiar, cubierto de blanca nieve resplandeciente, imposible mirarlo y no querer alcanzarlo, no lo pienso 2 veces: en un arrebato infantil me subo a la azotea, y cual será mi sorpresa al ver que no está sólo, hacia el sur se levanta otro Volcán, quizá por eso brillaba el Llaima con tanta intensidad, a cualquiera le brillan los ojos al presenciar semejante majestuosidad.
 
Sin palabras y sin aliento me siento frente a su inmensidad, incluso desde lejos se puede apreciar el diseño de sus laderas que me invitan a jugar. Cubierto de nieve, deja escapar un poco de humo que le da un toque de rebeldía, Villarica, el volcán que maravilla mi pensamiento. Por fin logré verlo, aunque sea a la distancia, es tal y como lo describen los que tienen la dicha de conocerlo, un cono casi perfecto. Me encantaría subir hasta lo mas alto, temblar de adrenalina al llegar a su cima y sentir el fulgor de la lava que se agita. 
 
Sigo soñando despierta y me transporto al volcán, empezando por el Llaima donde partió mi aventura mental. Desde arriba puedo ver que hay muchos más, rodeando Temuco puedo contar 8 formaciones volcánicas impresionantes, están tan cerca que podrían asustar a cualquier mortal, pero yo impresionada me quiero acercar mas, sólo pienso en cómo llegaron hasta acá, ¿Cuáles secretos esconden tras su misterio ancestral?, el gran escultor no se puede equivocar. Si Dios creó tanta belleza reunida en un solo lugar, es obligación conocerlos para respetarlos más.
 
Hacia el norte veo el Volcán Lonquimay, junto a su pueblo ancestral en la ruta andina y hacia el sur veo lagos y al menos 3 volcanes más, entre ellos mi favorito, -Rucapillán- le llaman en lengua nativa, pero no quiero transportarme hasta allá, sería faltar el respeto y desperdiciar el viaje. Quiero hacer el recorrido por la ruta Lacustre, bajo eskiando en mi imaginación y luego me adentro en el parque Nacional Conguillío, emprendiendo mi ruta hacia el sur, me detengo a apreciar el Sollipulli, durmiendo agotado luego de su trabajo de transformar los paisajes, dejando un cráter gigante que hace sentir pequeño hasta al mas rudo caminante. 
 
Sigo a través del parque Nacional Huerquehue, apreciando la naturaleza viva a mi alrededor, pequeños ríos que fluyen en armonía, saciando la sed de las criaturas y plantas que allí habitan. Bordeamos el Lago Caburgua hasta llegar a Pucón, lindo pueblo pintoresco lleno de alegres turistas, donde tengo mejor vista de mi amado Villarica, me detengo unos instantes a saborear la visión. Cierro los ojos mas fuerte y emprendo la escalada, subo rápido antes que la ilusión se vaya, por fín lo conseguí y al mirar alrededor sé que el viaje ni siquiera empezó, veo dos volcanes cerca y quiero saber cuales son: Quetrupillan y Lanín, segun el mapa que muestra mi GPS y cuando levanto mis ojos, muy a lo lejos están; ya no estoy en el volcán, volví a la realidad.
 
Despierto pensando con dicha lo hermoso que es este lugar, rodeado de naturaleza con paisajes sin igual. Los volcanes me impresionan y me invitan a viajar, quiero conocerlos todos y su gente visitar. Mientras veo otra vez el mapa, puedo nombrar algunos mas; dentro de la Araucanía: Tolhuaca y Sierra Nevada, viajando al sur se encuentran: Osorno, Calbuco, Puntiagudo y Tronador, cada uno tiene su historia, belleza, aventuras que prometen diversion, pero sobre todo místico poder mágico que atrapa mi meditar. Parecieran estar reunidos entre los lagos y ríos, compartiendo la sabiduría que solo ellos pueden poseer, y nosotros como niños inocentes desconocemos cuanto han vivido.

Agradecida con Dios por esta oportunidad, de ver aunque sea de lejos ese maravilloso Volcán, que me inspira a escribir y mis sentimientos compartir, para que algún dia alguien pueda animarse, y lanzarse a la aventura de lo desconocido, no simplemente a hacer turismo, a veces es bueno hacer tu propio camino e improvisar un poco, en esta vida he aprendido que las cosas pasan por algo, y los mejores momentos no se planifican en una agenda, simplemente suceden. Me he dado cuenta que no es necesario acumular tanto dinero, con tener lo necesario para vivir es mas que suficiente. La familia y los detalles mas simples son los que nos llenan de felicidad y debemos saberlos valorar, una vida sencilla y natural es el mayor tesoro que podemos encontrar.

Sigo pensando mientras regreso a mi casa, al bajarme de la micro en Labranza, miro hacia el este y allí estaba, en todo su esplendor el Llaima. ¿Cómo no lo vi antes? Siempre estuvo allí, solo debía levantar la mirada. Cuando viajamos, nos gusta disfrutar del paisaje, no queremos perder ni un detalle, hacer deporte, caminar, escalar, hacer ski y muchas cosas mas, pero; si vemos la vida como un viaje, ¿Alguna vez te detienes a mirar alrededor? La riqueza que está presente en el planeta no está solo en sus paisajes, sino en su gente, dentro de cada uno de nosotros tenemos recursos valiosos que pueden hacer nuestra vida mejor, vivamos como niños sin rencor. Si está en tus posibilidades, no lo pienses mas, sal a conocer el mundo, pero no olvides que la Madre Naturaleza hay que respetar, y no contaminar con basura ni con pensamientos de maldad.
 
Este viaje continúa...


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